Ahora me impresiono, de la seguridad con la que hablo, de lo
tranquila que sueno. Me pongo a pensar, y quizás es por la intuición que ya tenía
de que esto sucedería, de la cantidad de horas que estuve pensando sobre esto,
y no me tomo por sorpresa. Ya sabía que tenía que hacer.
A veces, por razones de la vida, tenemos que tomar decisiones,
escoger entre una u otra. Y aunque esta vez, no soy yo la que tiene que
decidir, me incumbe mucho. Después de mucho tiempo pensando, analizando. Me di
cuenta de que su felicidad, es la que más me importa, que el este bien, es mi objetivo. Y si para ello tengo que
privarme de algunas cosas, no me molesta en lo más mínimo.
Con el pasar de los meses, me he dado cuenta de que lo
necesito como el oxígeno de cada a día. Él es el que ha estado
ahí para compartir mis risas, y para secar mis lágrimas, él es mi primer y último
pensamiento en el día. Él es el que con un beso o un abrazo, me hace sentir
protegida, me hace sentir pequeña.
Hace un tiempo, decidí conducir a su lado en la oscuridad, sin saber lo que la carretera nos traería por delante. Y no voy a rendirme. No voy
a dejar de conducir, ni a bajarme del coche. Voy a luchar por lo que quiero.
Una vida a tu lado. Y que intenten impedírmelo y verán como no son capaces de
hacer que me olvide de ello


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